Columna ► El silencio de Londres

*Los atentados terroristas en Londres del 7 de julio de 2005 fueron mi primera oportunidad de colaborar con análisis en medios de prensa, a través de entrevistas en vivo para radio y televisión, y de ésta, mi primera columna, que apareció en Las Últimas Noticias (Chile).

underground London 2_jpgAyer, después de más de dos semanas desde el ataque terrorista en Londres, volví a tomar el metro desde la estación de King’s Cross. Quería haber caminado a mi destino, pero iba atrasada, los buses iban repletos, y con todos los taxis ocupados, no me quedó otra que armarme de valor, y tomar el metro desde la misma estación donde ocurrieron los atentados.

Los túneles de esta estación estaban vacíos y el silencio era tan sepulcral que mis pasos generaban eco. Como si una maldición hubiera caído sobre el metro, los empleados del mismo, sin absolutamente nada que hacer, miraban los torniquetes donde hasta hace sólo unos días se controlaba el ingreso de cientos de miles de personas.

El viaje fue escalofriante. Ya nadie conversa en el metro, y el único ruido es el de los muy viejos vagones desplazándose sobre rieles igualmente históricos, con los pocos pasajeros a bordo que se observan mutuamente las caras en actitud muy poco británica, escrutando los paquetes y bolsas de cada cual, todos desconfiando, todos rogando internamente que no pase nada. No les describo el alivio que sentí al salir del metro.

Mas tarde, al esperar a unos amigos, estuve sentada durante una media hora en la plaza Trafalgar. Y ahí comprendí que toda la gente que falta en el metro de Londres estaba en las calles. Ejecutivos y empleados cambian de zapatos a zapatillas para hacer el largo trayecto a casa y caminan rápido. Muchos maletines han sido reemplazados por bolsas transparentes. Gente de todas las edades en bicicletas y cascos nuevos, tratando de acostumbrarse a hacer la ida y vuelta al trabajo en dos ruedas; una actividad nada cómoda ni segura en las estrechas y atestadas calles. Nunca vi tantos autos en el centro. Muchos turistas, que ya no sonríen ni toman tantas fotos, cansados de conocer Londres a pie. Y finalmente, los vendedores de recuerdos, ahora ofreciendo poleras con la leyenda ‘We are not afraid’ sobre el logo estampado del metro.

¿Cómo describirles la atmósfera de Trafalgar Square? Estaba nublado y muy frío (parece que el verano se ha ido de repente). Las caras de los peatones llevaban una mezcla de seriedad y dignidad, de temor y de valentía, que nunca antes había visto. El ejército de palomas de la plaza, eso sí, sobrevolaba la columna del almirante Nelson como siempre.

Pero algo ya no es lo que era. Algo inunda todo. Algo que viene del interior de los habitantes de la ciudad, y también de esos profundos túneles del metro.

Creo que es el silencio.