Columna ► Bernales y nuestra crisis de liderazgo

*Esta columna fue publicada en La Tercera Blogs.

220px-Funeral_Gral._BernalesLas efusivas muestras de reconocimiento póstumo al general de Carabineros de Chile José Bernales, fallecido en un accidente durante una visita oficial a Panamá, son muy poco frecuentes hacia los servidores públicos, más aún tratándose de un uniformado. Si bien otras autoridades podrán merecer exequias de pompa similar, en este caso el protocolo fue superado por el afecto ciudadano. En cualquier país del mundo llamaría la atención tan singular aprecio por el jefe de la policía nacional.

Parece entonces necesario preguntarse qué clase de líder encarnó José Bernales, y qué clase de vacío llenaba su figura, para generar tan masivo nivel de alabanza.

Los perfiles que en los últimos días han descrito a Bernales coinciden en resaltar su estilo en el cumplimiento de su función. Por encima de la jerarquía, su sencillez y humanidad fortalecieron su carisma dentro y fuera de su institución. Ello se tradujo a lo largo de su carrera en una mística que gatillaba resultados positivos aún cuando los recursos con los que contaba fueran los mismos de sus antecesores. En momentos críticos, su franqueza interpretó el sentir popular y le granjeó un generalizado respeto. Finalmente, su falta de reserva en mostrar emociones lo acercó a la comunidad, no obstante la férrea defensa del orden público que marcó su gestión.

Lo curioso es que el general Bernales haya pasado a simbolizar el espíritu de servicio desinteresado a la nación precisamente en momentos en que la ciudadanía se muestra desilusionada de la calidad de sus políticos, servidores públicos por antonomasia. Desprestigiadas coaliciones no logran reencantar a los votantes. Actores principales de antaño se descuelgan de trabajos en equipo y apuestan por proyectos individuales. La gente, cansada de cálculos electorales, faltas a la probidad e ineficiencia, acumula frustraciones en vez de esperanzas. Los jóvenes se marginan del sistema electoral, y aquellos con interés en lo público prefieren aportar por vías alternativas a la construcción de un país que responda a sus inquietudes.

El declive de liderazgos públicos por el que atraviesa nuestro país debería remecernos. El ejemplo de nuestro “general del pueblo”, o a nivel mundial el de nuevos políticos como Barack Obama, demuestran la enorme transformación que el estilo de liderazgo de una sola persona sintonizada con los problemas de su época puede provocar en su entorno.

Para salir de su estancamiento actual, la sociedad chilena necesita de nuevos líderes que motiven al resto sobre la base del ejemplo y de sus valores personales, que se comuniquen de manera empática, y que prioricen el bien común por encima de protagonismos individuales. Para que servidores públicos como el malogrado general no sean raras ocurrencias, tanto el mundo político como la sociedad civil deben abocarse a proyectar con urgencia estos nuevos liderazgos.