Columna ► Municipales al estilo Obama

*Esta columna se publicó en mi espacio “De la A a la Z”, en La Tercera Blogs.

obama13Hace algunos días medios de prensa extranjeros reportaron entre las noticias curiosas de la semana cómo varios candidatos a las elecciones municipales de Brasil reforzaban su perfil con referencias a la superestrella de la política mundial del momento, Barack Obama. Tales guiños iban desde coger su nombre como apodo legal y por ende pedir su inclusión en la cédula electoral junto al nombre del candidato en cuestión, a las adaptaciones libres del eslogan y la gráfica del postulante demócrata a la Casa Blanca, además de los posters con la figura del afroamericano sonriendo junto al candidato local gracias al photoshop.

Curiosamente, ayer la prensa chilena dio cuenta de referencias a Obama en la publicidad de un candidato a concejal en Puerto Montt. Éste justificó su decisión de abrazarse virtualmente con el senador estadounidense como un homenaje a quien considera “un ícono en la renovación en la política y en las ideas”. Tropicalismo contagioso, o algo más?

Esta coincidencia de marketing merezca quizá ser más que una anécdota. Obama es un fenómeno porque irrumpió en el sistema desde fuera y desde abajo. Un ilustrado desconocido que construyó de la nada una plataforma que rompió paradigmas de la política tradicional. Mas allá de su innato talento, vale la pena preguntarse cómo lo hizo Obama, un idealista sin un pelo de ingenuo, para desarrollar esa capacidad de sintonizarse con los sentimientos y necesidades de la comunidad; de dónde surgió su método colaborativo para proponer soluciones de una manera no confrontacional (y desideologizada) en momentos de crisis.

Obama hizo sus primeras armas en política a nivel local. Prefirió trabajar en la calle como organizador de las comunidades más pobres de Chicago a un trabajo bien remunerado y acorde con sus prestigiosos grados académicos. Su trabajo en las barriadas consistía en ayudar a que las comunidades pudieran a través de su propio esfuerzo desarrollar programas antidrogas o de empleo para jefes de hogar, crear tutorías escolares para preparar a jóvenes para ir a la universidad, asesorar arrendatarios en la mejora de sus viviendas, integrar a grupos de inmigrantes y reforzar la seguridad pública.

Esta labor a nivel local permitió a Obama aprender que la acción comunitaria puede lograr resultados concretos que cambian la vida de las personas, les otorgan dignidad y les devuelven el poder de tomar decisiones respecto a su destino y el de influir en las decisiones de otros actores sociales. Su experiencia como gestor de la acción colectiva local fue clave en su exitoso salto a la política del estado de Illinois y luego a la palestra nacional.

Su trabajo como organizador comunitario le enseñó a crear redes descentralizadas de apoyo. Hoy su campaña está basada en la interacción y brinda amplios canales de comunicación y participación por medio de un uso creativo de la tecnología. Sus mayores contribuyentes no son los grupos de interés sino la gente común, que sin ser reclutada se organiza en grupos más pequeños y sale por propia iniciativa a promover su proyecto. Con esta base activa, ganó arrastre entre los jóvenes y otros sectores reacios a la inscripción electoral, y venció a las dinastías políticas y a los focus groups. Su lema “sí, nosotros podemos” es el testimonio genuino de una mentalidad horizontal y no de cúpula.

El trabajo con las comunidades a nivel local, entonces, puede ser una nada despreciable escuela para la nueva generación de líderes políticos. Los problemas de las municipalidades son complejos. Trabajar codo a codo no con partidarios, sino con gente que piensa diametralmente distinto. Batirse con muchas instituciones, públicas y privadas, para conseguir algo. Balancear un prespuesto y hacerlo cundir para satisfacer mil demandas. Vigilar la administración transparente de esos recursos. Y tener que enfrentar el descontento ciudadano de manera mucho más cercana cuando las cosas no marchan bien. Son las personas fogueadas en estas lides quienes pueden predecir, a menudo mejor que muchos técnicos, el impacto inmediato que grandes diseños de política pública suelen ignorar.

La gran política, hoy en una crisis generalizada de liderazgo, se beneficiaría enormemente de contar con el aporte de personas honestas y eficientes que saben dialogar con la comunidad y atender a tiempo sus problemas. Hoy, las elecciones municipales nos proporcionan a todos la oportunidad de dar el primer paso: encontrar a esas personas.

Hace poco Alfredo Jocelyn-Holt se preguntaba en una columna dónde esta el Obama chileno. Quizá no haya todavía una respuesta para esa pregunta, pero quiero creer que existe una generación nueva, proba, comprometida con el bienestar de su comunidad, entre aquellos que aspiran a participar del gobierno local. Si el ejemplo de Barack Obama (con o sin photoshop!) inspira ese trabajo y esos ideales, tanto mejor. Después de todo, para cambiar el mundo hay que partir por casa.