Columna ► Vitaminas para el sueño americano

*Esta columna fue publicada en un especial de La Tercera sobre la elección de Barack Obama en 2008.

Screen Shot 2015-04-17 at 00.43.00La elección de Barack Obama a la primera magistratura de su país marca la caída de un intangible Muro de Berlín. En la carrera presidencial más memorable que recuerde la historia moderna, la apuesta del pueblo norteamericano derribó los prejuicios y el cinismo que marcaron el improbable camino a la Presidencia del joven Senador afroamericano. A sólo un día de la victoria, la intensa emoción vivida en la jornada eleccionaria aún no es digerida, pero lo que ya es palpable es el regocijo que se aprecia en cada esquina de Washington. El brillo en la mirada y la sonrisa más amplia que muestran los habitantes de esta ciudad son indescriptibles.

Este triunfo marca un hito que tiene matices de poesía y simbolismo. Por una parte, la nación norteamericana abre una página de redención que pone término a uno de los capítulos más dolorosos de su pasado: el de la segregación racial. Además, el que el nuevo mandatario tenga un segundo nombre árabe, sea hijo de una mujer blanca de Kansas y un hombre negro de Kenia, que haya nacido en Hawai y se haya criado en Indonesia, reafirma la importancia de la tolerancia y la apertura en un país que se construyó sobre la base del esfuerzo de generaciones de inmigrantes que buscaban un futuro mejor. Al mismo tiempo, Obama ha hecho de la cooperación con otras naciones y el respeto a otras culturas una de las piedras angulares de su discurso, por lo cual muchos están a la espera que su nuevo estilo de liderazgo inaugure una etapa de diálogo que ayude a Estados Unidos a reparar su relación con la comunidad internacional.

El Presidente Obama sabe que las expectativas respecto a su mandato son altísimas. Que el carisma no basta para hacer un buen gobierno. Que recibirá un país abatido por las guerras en Iraq y Afganistan, la debacle económica, la crisis del sistema de salud, y la sostenida pérdida del prestigio norteamericano en el mundo. Y que más allá del talento suyo y de su equipo, no podrá resolver todos los problemas de su país. No obstante, Barack Obama, aún sin haber iniciado su mandato, ya ha hecho algo maravilloso por su nación, al infundirle el ingrediente más básico en la receta de la recuperación: la fe en sí mismo y en sus ideales. La vitamina del sueño americano.

El trabajo del Presidente norteamericano fue descrito por Abraham Lincoln como “curar las heridas del país y hacer todo lo que posibilite una paz justa y duradera, entre nosotros y con todas las naciones”. Es la noble tarea que recae hoy en el Presidente Obama. Sólo queda desearle la mejor de las suertes.