Columna ► Cara y sello de las becas estatales

*Esta columna se publicó en Revista Capital.

Becas-chile-2014-300x250La respuesta a la pregunta de si Chile gana con un programa de becas estatales de postgrado parece de perogrullo. Por supuesto que una iniciativa para formar recurso humano especializado en un ambiente intelectualmente competitivo, e idealmente en otro idioma, debería redundar en un positivo efecto dominó para cualquier país.

 

No obstante, como ha dado a conocer la prensa recientemente, las incontables falencias que presentan las becas actualmente existentes (Mideplan, Conicyt, y Técnicos al Extranjero) muestran que la interrogante que debiera inquietarnos recae sobre el diseño y la implementación de tan loable idea. Ambos aspectos están fallando, y la relevancia del perfeccionamiento de una generación entera de jóvenes profesionales chilenos para alcanzar el desarrollo sólo subraya la urgencia del tema.

La inversión sustantiva en el recurso humano es la más trascendente que un país puede hacer. Si tal programa millonario de inversiones se hiciera en objetos materiales en vez de personas, de manera sostenida durante tres décadas como se ha hecho aquí, no cabe duda que primarían estrictísimos estándares técnicos para la toma de decisiones y sobre todo para su implementación. Se contratarían directores de estudios para establecer metas de corto, mediano y largo plazo; habrían auditorias y consultorías externas; se compararían experiencias de otros países para saber cual modelo se adapta mejor a nuestra necesidades; personal altamente calificado en la materia ejecutaría el día a día de la obra en marcha. Pero este nivel de trabajo, tan evidente para los grandes proyectos nacionales, no ha existido ni en el antiguo programa de becas (cuya normativa data de hace 30 años) ni con los nuevos programas.

La letanía de quienes postulan y luego obtienen las becas del Estado es larga. Que la selección de candidatos no es transparente y los antecedentes no son devueltos ni hay explicaciones para que los rechazados puedan volverlo a intentar (Conicyt Oceanía). Que no existe una coordinación suficiente con entidades receptoras, lo que determina el fracaso completo del programa (Becas Técnicas). Que se crea un nuevo sistema general “Bicentenario” dejando a los actuales becarios Mideplan a su suerte, que en muchos casos equivale a un nivel inferior a la indigencia en los países donde habitan y a tener que hacer peripecias para comer, y qué decir para estudiar. El contraste entre los sistemas paralelos de becas (la asignación Bicentenario duplica a la de Mideplan) es inexplicable y vergonzoso. La falta de comunicación adecuada, coordinación y profesionalismo en el tema habla de la falta de una solución global para el problema, que vaya más allá de los grandiosos anuncios de más cupos cada veintiuno de Mayo.