Columna ► Siria: la moral, la legalidad, y ¿qué puede hacer Chile?

*Esta columna fue publicada en mi espacio “Caleidoscopio” en Voces de La Tercera (Chile).

Screen Shot 2015-05-16 at 01.35.22La situación en Siria acapara la atención de la prensa mundial. No, no es una película: esto está pasando hoy. Prósperas ciudades en ruinas; miles de cuerpos en bolsas mortuorias; millones de refugiados en precarios campamentos intentan huir del horror; y un gobernante que usa gas como arma masiva para matar a su propio pueblo. Lejos de allí, Presidentes y Primeros Ministros intentan hacer algo frente a esta catástrofe, sopesando consideraciones políticas, estratégicas y legales.

Aunque los ciudadanos de a pie miremos con impotencia estas imágenes (¿cómo es posible que nadie pueda detener esta masacre?), el prolongado debate entre líderes mundiales sobre posible acción militar en Siria tiene cierto sentido. ¿Pueden naciones extranjeras por sí solas intervenir militarmente en un país que sufre los estragos de su propia guerra civil? La respuesta corta es: en principio, no.

La Carta de la ONU (que en la comunidad internacional hace las veces de constitución), prohíbe el uso de la fuerza de un Estado contra otro, con sólo dos excepciones: la defensa propia en respuesta a un ataque armado; y la acción autorizada por el Consejo de Seguridad de la propia ONU como respuesta colectiva a una amenaza o quiebre de la paz o un acto de agresión. Dado que en la actualidad no concurre ninguna de estas excepciones, un ataque militar a Siria, como ha reiterado el Secretario General de la ONU, sería ilegal – aun en las terribles circunstancias presentes. Tal acción, además, sería prematura: aún no se cuenta con el informe oficial de los inspectores de la ONUsobre el reciente uso de armas químicas en Siria.

El actual sistema internacional, con sus defectos y virtudes, emergió desde las humeantes cenizas que dejaron dos guerras mundiales. ¿Es posible saltarse los límites que impone este sistema? La invasión a Irak en 2003, en que Estados Unidos y sus aliados actuaron sin autorización del Consejo de Seguridad, sin consideración del informe de los inspectores de la ONU (que no encontró evidencia de posesión de armas de destrucción masiva), y sólo sobre la base de reportes propios de inteligencia que resultaron ser errados, ha servido para recordar losimprevisibles costos que una actuación al margen del sistema puede acarrear. La reciente negativa del Reino Unido a participar de una intervención en Siria sin respaldo de la ONU se explica por este mal precedente.

¿Cuáles son las alternativas en este escenario?

En las últimas décadas, frente a la inacción del Consejo de Seguridad, han emergido conceptos doctrinarios para justificar acciones militares unilaterales (“intervención humanitaria” -caso de Kosovo-,“responsabilidad de proteger” -caso de Libia-). En derecho internacional, para que una doctrina se vuelva una regla jurídica unívoca deben cumplirse ciertos requisitos: los citados conceptos son aún objeto de controversia y desarrollo. Sin embargo, la aplicación de tipo de justificaciones en el caso de un ataque a Siria genera dudas, pues la intervención militar unilateral que se plantea (limitada a bombardear algunos objetivos militares) no se propone como objetivo resolver la crisis humanitaria.

En efecto, la propuesta de Estados Unidos es una intervención orientada a castigar el uso de armas químicas por parte de Siria y que tal castigo sirva de ejemplo para prevenir el uso de armas de destrucción masiva por parte de otros Estados en el futuro. Esta justificación para una intervención unilateral sin el respaldo de la ONU escapa a la formulaciones actuales de los conceptos de “intervención humanitaria” y “responsabilidad de proteger”, y supone un escenario de altísimo riesgo. Si la fuerza empleada en Siria es débil, el sistema internacional será vulnerado pero la ganancia, si la hay, será mínima: la guerra civil probablemente continuará su curso macabro. Si la fuerza empleada es excesiva, la posibilidad de que el conflicto escale a la región es considerable, y la crisis humanitaria se agravaría todavía más .

Mientras las piezas de este ajedrez sombrío continúan moviéndose, es posible considerar otras acciones. Si Rusia llegara a plegarse a Estados Unidos y China se abstuviera de ejercer su veto, la acción militar de Naciones Unidas como tal se destrabaría. Más allá de esta posibilidad remota, el Consejo de Seguridad debería brindar a los inspectores de la ONU un mandato más amplio que el actual para establecer los hechos. Una mayor presión mundial podría forzar a Siria a cooperar con este trabajo, y quizá retomar negociaciones para una transición que lleve pacíficamente a un cambio de gobierno. En cualquier caso, el Consejo de Seguridad debería referir los ataques contra la población civil en Siria a laCorte Penal Internacional, foro creado específicamente para juzgar crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Por ahora, sí existe un imperativo moral urgente e incuestionable, avalado por el Derecho, y que ni bombardeos, ni inspecciones, ni tribunales pueden resolver. Las víctimas sobrevivientes de esta guerra necesitan más que un refugio temporal que los proteja de la muerte. Millones de personas tendrán que reconstruir sus vidas partiendo de cero. La comunidad internacional tiene el deber de prestarles ayuda. No basta con lamentar este drama humano.

Chile es el único país latinoamericano que se integrará al Consejo de Seguridad en 2014.

Podemos hacer algo?